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Puebla cae 2.3%: la crisis mundial avanza, ¿estamos preparados?

La economía poblana registró la segunda mayor caída trimestral del país y su actividad industrial retrocedió 6.3% anual. Mientras la industria automotriz enfrenta una transformación global, los aranceles modifican el comercio internacional y el sector textil lucha por recuperar competitividad, Puebla necesita algo más que resistir: necesita anticiparse.

Por Héctor Rodrigo

La economía poblana registró la segunda mayor caída trimestral del país y su actividad industrial retrocedió 6.3% anual. Mientras la industria automotriz enfrenta una transformación global, los aranceles modifican el comercio internacional y el sector textil lucha por recuperar competitividad, Puebla necesita algo más que resistir: necesita anticiparse.

Hay cifras que deberían encender las alertas. No para buscar culpables, sino para entender qué está pasando y, sobre todo, qué necesitamos hacer.

Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que la actividad económica de Puebla disminuyó 2.3% durante el segundo trimestre de 2026, respecto de los tres meses anteriores. Fue la segunda mayor contracción entre las 32 entidades federativas, solamente superada por Nayarit.

Mientras Puebla retrocedía, San Luis Potosí y Veracruz crecían 3.6% trimestral, y Jalisco avanzaba 3.2%. Tampoco es una maravilla pero salir positivos en estas circunstancias vale la mención.

Estos datos merecen atención. Pero hay otro que considero todavía más importante: la actividad industrial poblana cayó 6.3% anual durante ese mismo trimestre.

Cuando una economía como la nuestra pierde dinamismo industrial, no hablamos únicamente de estadísticas, sino de empresas, empleos, proveedores, inversiones y familias que dependen de nuestra capacidad productiva. Incluso del propio gobierno cobrando menos impuestos.

Y eso nos lleva a una pregunta fundamental: ¿Está Puebla suficientemente preparada para enfrentar los cambios que están transformando la economía mundial?

La crisis automotriz no se decide en Puebla, pero sus consecuencias sí llegan aquí. Sería equivocado analizar estas cifras como si nuestra economía dependiera exclusivamente de las decisiones tomadas dentro del estado.

La industria automotriz mundial atraviesa una transformación profunda. La electrificación, la competencia de fabricantes asiáticos, los cambios tecnológicos y las tensiones comerciales están modificando las estrategias de producción e inversión de las grandes armadoras.

A ello se suma la incertidumbre provocada por los aranceles y las nuevas reglas del comercio internacional.

Para Puebla, que ha construido una parte fundamental de su desarrollo alrededor de Volkswagen, Audi y sus cadenas de proveedores, estos cambios representan riesgos importantes.Una decisión tomada en Alemania, Estados Unidos o China puede tener consecuencias en una planta de Cuautlancingo, San José Chiapa o en decenas de empresas proveedoras de nuestra región.

No podemos controlar esas decisiones.Pero sí podemos prepararnos mejor para enfrentar sus consecuencias.Necesitamos preguntarnos si nuestras empresas proveedoras están desarrollando capacidades para las nuevas tecnologías automotrices, si estamos formando el talento que demandará la industria y si existen condiciones para atraer actividades productivas que complementen nuestra vocación manufacturera.

Depender de una industria no es necesariamente un problema. El verdadero riesgo aparece cuando no estamos preparados para sus transformaciones.

La industria textil, por ejemplo, enfrenta otra batalla, la de una competencia desigual

La industria textil de Puebla y Tlaxcala lleva años enfrentando una competencia internacional particularmente intensa. Los fabricantes nacionales han denunciado prácticas comerciales desleales, subvaluación de mercancías, contrabando y diferencias en las condiciones de competencia.

Estas denuncias deben investigarse y acreditarse en cada caso. Sin embargo, los indicadores muestran que el sector enfrenta dificultades.

De acuerdo con información de comercio exterior del Banco de México analizada por Expansión, entre enero y mayo de 2026 las importaciones mexicanas de textiles y sus manufacturas procedentes de China disminuyeron 21.4% respecto del mismo periodo del año anterior.

A pesar de ello, la fabricación nacional de insumos textiles y su acabado registró una caída de 7% anual, según cifras del INEGI.

Esto demuestra que una disminución de las importaciones no garantiza, por sí misma, la recuperación de la producción nacional.La política arancelaria puede contribuir a corregir distorsiones comerciales y ofrecer mejores condiciones de competencia.

Pero una industria también necesita tecnología, financiamiento, energía a costos competitivos, infraestructura y oportunidades para modernizar sus procesos.

Proteger una industria puede darle tiempo. Hacerla competitiva es lo que puede asegurarle futuro.

Y Puebla tiene una responsabilidad importante en ese proceso, por el peso histórico de la actividad textil en nuestra economía regional.

Sin planeación, las crisis nos toman por sorpresa

Desde hace años he insistido en la importancia de construir una visión económica de largo plazo para Puebla. No porque debamos mantener inalterables las políticas públicas, todo lo contrario.

Precisamente porque el mundo cambia, necesitamos una estrategia que nos permita adaptarnos. Un plan de desarrollo económico no debería ser solamente un documento de buenas intenciones ni una relación de inversiones anunciadas, debería servir para identificar riesgos, anticipar transformaciones industriales y preparar respuestas.

  • Si sabemos que la industria automotriz está cambiando, necesitamos desarrollar capacidades para participar en sus nuevas tecnologías.
  • Si conocemos las dificultades de la industria textil, debemos facilitar su modernización y ayudar a que más empresas compitan con productos de mayor valor agregado.
  • Si las tensiones comerciales amenazan nuestras exportaciones, necesitamos diversificar mercados y fortalecer proveedores.
  • Y si la actividad industrial pierde dinamismo, debemos contar con información suficiente para identificar dónde están los problemas y actuar oportunamente.

No podemos evitar todas las crisis internacionales, pero una economía preparada tiene mayores posibilidades de resistirlas y recuperarse.

La planeación económica no debe entenderse como una responsabilidad exclusiva del gobierno, también requiere la participación de empresarios, universidades, trabajadores, organismos intermedios y especialistas. El desarrollo de una región no puede depender únicamente de las decisiones de unas cuantas empresas o de las oportunidades que aparezcan en determinado momento.

Necesitamos construir nuestras propias oportunidades.

¿Estamos exigiéndoles siempre a los mismos?

Hay otro problema del que hablamos poco: las condiciones que enfrentan las empresas que sí cumplen con sus obligaciones.

Las empresas formales:

  • Pagan impuestos
  • Registran trabajadores
  • Cumplen disposiciones laborales
  • Atienden inspecciones
  • Asumen costos administrativos.

Esas obligaciones son necesarias para financiar servicios públicos, proteger derechos y mantener condiciones de competencia. El problema aparece cuando la fiscalización y las nuevas cargas se concentran principalmente en quienes ya están registrados, mientras una parte importante de la actividad económica permanece fuera de la formalidad.

Es como salir de cacería a un zoológico. Resulta mucho más sencillo encontrar a quienes ya están identificados que incorporar a quienes operan fuera del sistema.

La comparación puede parecer incómoda, pero estoy planteando una pregunta legítima: ¿Estamos diseñando políticas para ampliar la base de contribuyentes o solamente para exigirles más a quienes ya cumplen?

No se trata de eliminar impuestos ni de justificar incumplimientos, se trata de construir un sistema más equilibrado. Una economía competitiva necesita que más empresas se formalicen, que los trámites sean sencillos, que las obligaciones sean proporcionales y que los recursos públicos se traduzcan en infraestructura y servicios.

También necesita reconocer que una pequeña empresa no dispone de la misma capacidad administrativa que una gran corporación. Si queremos atraer inversiones y generar empleo, debemos cuidar a las empresas que ya existen y facilitar el nacimiento de nuevas.

La formalidad debe convertirse en una ventaja, no en una carga que desaliente el crecimiento.

Por supuesto, para determinar cuánto afecta la carga fiscal al desempeño económico necesitamos evaluar datos de recaudación, informalidad, costos regulatorios y obligaciones estatales y municipales. No sería correcto atribuirle directamente la contracción reciente sin esa evidencia. Pero sí es una discusión que Puebla necesita abordar.

Otros estados están encontrando oportunidades

La comparación nacional también merece una reflexión. Durante el segundo trimestre de 2026, San Luis Potosí y Veracruz crecieron 3.6% respecto del trimestre anterior, mientras Puebla retrocedió 2.3%.

No significa que esas entidades tengan resueltos todos sus problemas ni que sus resultados puedan atribuirse exclusivamente a una política gubernamental.

Significa que debemos estudiar qué actividades impulsaron su crecimiento.

¿Qué inversiones están generando resultados?

¿Qué sectores están aumentando su producción?

¿Qué condiciones están ofreciendo para atraer empresas?

¿Y qué experiencias podrían servirnos para fortalecer nuestra economía?

Puebla tiene ventajas que muchos territorios desearían: ubicación estratégica, infraestructura manufacturera, universidades, centros de investigación, experiencia exportadora y una comunidad empresarial con décadas de conocimiento. No partimos de cero. Lo que necesitamos es aprovechar mejor esas capacidades.

Puebla necesita despertar

Este viernes 30 de octubre, el INEGI informó que la economía mexicana creció 3.2% anual durante el tercer trimestre de 2026, de acuerdo con su estimación oportuna.

Es importante aclarar que ese dato nacional corresponde a julio-septiembre, mientras que las últimas cifras estatales disponibles para Puebla abarcan abril-junio. Todavía no podemos establecer cómo participó nuestro estado en la recuperación del tercer trimestre.

Pero el crecimiento nacional nos recuerda que las oportunidades económicas no desaparecen por completo en tiempos de incertidumbre. Se transforman. Y las regiones que logran identificar esas transformaciones pueden encontrar nuevas posibilidades de desarrollo.

Puebla necesita despertar ante esa realidad. Y no es que carezcamos de empresarios capaces o de trabajadores preparados. Tampoco porque falten universidades o experiencia industrial.

Lo que necesitamos es una articulación mucho más efectiva entre nuestras fortalezas.

  • Necesitamos que la investigación universitaria se convierta en innovación empresarial.
  • Que las grandes industrias generen más oportunidades para proveedores locales.
  • Que las pequeñas empresas encuentren mejores condiciones para crecer.
  • Que la infraestructura responda a las necesidades de las actividades productivas.
  • Y que los proyectos económicos puedan evaluarse por sus resultados, no solamente por los recursos anunciados.

No basta con atraer inversiones. Necesitamos construir un entorno en el que las empresas puedan desarrollarse, innovar, competir y permanecer.

Es momento de construir respuestas

La caída económica del segundo trimestre no puede atribuirse a una sola causa ni a una administración determinada.

La transformación automotriz, la competencia internacional y las tensiones comerciales son desafíos complejos que requieren respuestas coordinadas entre empresas, trabajadores y autoridades de distintos niveles.

Pero los datos sí justifican una revisión profunda de nuestra capacidad de reacción. Puebla registró una contracción trimestral de 2.3%, la actividad industrial disminuyó 6.3% anual y nuestra economía enfrenta un entorno internacional cada vez más competitivo.

La pregunta no es quién tiene la culpa de que el mundo esté cambiando, hay que preguntarnos qué estamos haciendo para que Puebla pueda competir en ese nuevo mundo.

Tenemos la oportunidad de construir una estrategia económica de largo plazo, con objetivos verificables, responsabilidades compartidas y mecanismos para anticipar riesgos.

Una estrategia que proteja el empleo, impulse la innovación, amplíe la formalidad y fortalezca a las empresas que sostienen nuestra economía.

Los mejores planes no son aquellos que prometen que nunca habrá dificultades, sino los que permiten reaccionar cuando las dificultades llegan.

Puebla tiene con qué competir. Lo que necesita es despertar, anticiparse y convertir sus fortalezas en una estrategia de futuro.

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