México y la ilusión de la digitalización: un rezago institucional
Por Héctor Rodrigo Ortiz
El reciente informe DiGiX de BBVA Research confirma lo que es evidente: México, en el lugar 70 de 96 países, navega en la mediocridad digital. Mientras el mundo avanza hacia una economía impulsada por inteligencia artificial y ciberseguridad, México se estanca por la ausencia de una estrategia estatal coherente.
El mayor lastre es el propio gobierno. La «digitalización» pública se reduce a portales burocráticos ineficientes y trámites que, lejos de simplificarse, se digitalizan para replicar la misma ineficacia física. No existe una política real de alfabetización digital para la población vulnerable; la conectividad es un lujo y la infraestructura tecnológica es precaria. México no necesita más anuncios de modernización, sino una voluntad política que entienda que, sin cerrar la brecha digital, el país está condenado a la irrelevancia en el siglo XXI. La transformación digital no es comprar tecnología, es cambiar la cultura y el Estado.La posición 70 de México en el índice DiGiX no es una casualidad estadística, sino el reflejo de un país que ha confundido la «presencia tecnológica» con la «transformación digital». Mientras las potencias mundiales integran la IA, la ciberseguridad y la gobernanza de datos en el ADN de sus instituciones, México opera bajo una infraestructura analógica con una capa superficial de herramientas digitales.
El abismo entre México y las potencias
La distancia que nos separa de países como Suiza, Estados Unidos o Singapur se explica por tres pilares ausentes:
- Infraestructura y Conectividad: Mientras el primer mundo garantiza acceso universal a banda ancha de alta velocidad como un derecho básico, en México persisten amplias zonas sin cobertura y una brecha digital que separa a quienes pueden educarse y trabajar en línea de quienes permanecen excluidos del mercado laboral moderno.
- Capital Humano: El sistema educativo mexicano ha fallado en actualizarse. La carencia de competencias digitales, desde la educación básica hasta la formación técnica superior, crea una fuerza laboral limitada, incapaz de innovar en una economía basada en el conocimiento.
- Gobernanza y Legislación: Las potencias cuentan con marcos jurídicos claros para la ciberseguridad, el financiamiento a la innovación y la protección de datos. México, por el contrario, padece de una burocracia que utiliza la tecnología para replicar procesos ineficientes, careciendo de una verdadera estrategia de Estado que trascienda los periodos electorales.

El destino económico: ¿Hacia dónde vamos?
Esta inacción nos condena a un destino de estancamiento de valor agregado. México corre el riesgo de consolidarse como un «ensamblador de bajo costo», donde la falta de digitalización impide el salto hacia industrias de alta especialización. Al no integrar la tecnología en la base de nuestra economía, la brecha de productividad seguirá ensanchándose; la pobreza se volverá un círculo vicioso de exclusión digital, donde el ciudadano promedio queda desprotegido ante la automatización y la informalidad laboral.
Sin una reconfiguración total que priorice la alfabetización digital, la inversión en ciencia y tecnología, y un gobierno que deje de ser un freno burocrático para convertirse en un facilitador digital, México está condenado a ver cómo su economía pierde competitividad global, quedándose atrás en la carrera tecnológica, incluso detrás de economías regionales que, con menores recursos pero mayor visión estratégica, han apostado decididamente por la modernidad.
La digitalización no es un lujo administrativo; es la condición necesaria para no ser irrelevantes en la arquitectura económica del futuro.
¿Qué sector del país consideras que es el más urgente de transformar mediante una estrategia digital sólida?



