Puebla no puede apostarlo todo a un solo motor

Columna de Héctor Rodrigo Ortiz
Durante décadas tener una enorme planta Volkswagen fue una de las grandes fortalezas económicas de Puebla.
Y lo sigue siendo.
El problema aparece cuando una fortaleza comienza a parecerse demasiado a una dependencia.
Lo que estamos viendo estas semanas alrededor de Volkswagen debería preocuparnos más allá de saber si habrá o no huelga el 2 de octubre.
Porque hay varias luces encendidas simultáneamente.
Más del 73% de los trabajadores que participaron en la consulta rechazó el convenio contractual.
La empresa eliminó terceros turnos en las líneas de Jetta y Tiguan.
611 trabajadores quedaron temporalmente fuera de la planta y otros 175 tomaron retiro voluntario.
Y todo ocurre mientras Volkswagen atraviesa globalmente una transformación profunda para reducir costos y enfrentar una competencia automotriz que cambió brutalmente con China y los vehículos eléctricos.
Entonces quizá estamos haciendo la pregunta equivocada.
No deberíamos preguntarnos únicamente:
¿Qué va a pasar con Volkswagen?
Deberíamos preguntarnos:
¿Qué va a pasar con Puebla?
Porque durante décadas construimos alrededor de la industria automotriz una enorme cadena de proveedores, empleos, logística, exportaciones, universidades y servicios.
Eso fue extraordinariamente valioso.
Pero el mundo cambió.
Hoy China compite ferozmente en vehículos eléctricos. La automatización permite fabricar más con menos personas. Estados Unidos replantea las reglas de su industria automotriz y México entra nuevamente en discusiones comerciales que pueden modificar las cadenas productivas de Norteamérica.
Y nosotros seguimos dependiendo enormemente del automóvil.
Por eso resulta interesante que, casi simultáneamente, Puebla esté comenzando una conversación para construir una Ruta Científica, Tecnológica y de Innovación hacia 2050.
Ahí hay una oportunidad.
No para sustituir Volkswagen.
Sería absurdo.
Sino para construir más motores económicos.
Semiconductores.
Inteligencia artificial.
Economía digital.
Tecnologías médicas.
Agrotecnología.
Industrias creativas.
Energía.
Empresas surgidas desde nuestras universidades.
Puebla tiene algo que muchas ciudades latinoamericanas quisieran tener: universidades, industria, centros de investigación, ubicación estratégica y talento joven.
Lo que todavía necesitamos demostrar es que sabemos conectar todo eso.
La mejor noticia para Puebla dentro de veinte años no sería que Volkswagen siga siendo nuestra empresa más importante.
Sería que siga siendo importantísima…
pero que ya no sea indispensable.




