Alemania (y su industria automotriz) por la calle de la amargura
Por Thomas Karig
La eliminación de la selección alemana del mundial de futbol no fue realmente una sorpresa, pero si frustró a una buena parte del pueblo alemán que después del inicio fulminante contra Curazao llegaron a pensar que esta vez las cosas podrían ser diferentes. Ya cuando no se pudo superar a Ecuador, surgieron las dudas (más que confirmadas por la posterior victoria de México).
Hay que recordar que con esta vez ya son tres mundiales en los que Alemania no pasa de la fase de grupos, y eso después de la brillante victoria en el mundial de Brasil de 2014. Algo dramático tuvo que haber cambiado después del 2014 para que el nivel futbolístico cayera tan bajo.
Angela Merkel era la jefa del gobierno alemán en aquel entonces. Después de su ascenso al poder en 2005, tuvo que lidiar con la crisis bancaria del 2008, que en 2014 apenas estaba superada. Luego vino en 2014 el primer aviso que las cosas iban a cambiar nuevamente, cuando Rusia invadió el Krim y apoyó la represión del régimen sirio de Assad. Esto último tuvo como consecuencia una oleada de fugitivos sirios, a los que Merkel les abrió las puertas de Alemania en un gesto de humanismo aparentemente apoyado por muchos alemanes, pero ciertamente no por todos. Después vino la pandemia, y Merkel se retiró en el 2021. Los gobiernos que siguieron después se caracterizaron por sus pleitos internos más que por sus grandes ideas.
El hecho es que la economía alemana, que estaba creciendo entre 1.5 y 2.2 por ciento hasta 2019, después de la pandemia nunca se recuperó plenamente. La guerra de Ucrania y el alto costo para desligarse del gas natural de Rusia dejaron huella en una economía estancada hasta la fecha.
No solo el crecimiento está estancado, sino también la capacidad del gobierno y de las empresas de hacer los cambios necesarios para volver a dinamizar la economía alemana. Aparte de reducir los altos costos de la energía, hay que reformar el sistema de salud y de pensiones para asegurar su financiamiento sin gravar más a ciudadanos y empresas. La infraestructura está en malas condiciones, los trenes ya no son puntuales, y hay que reconstruir una capacidad de defensa que se descuidó después de la euforia de la caída de la cortina de hierro. Todo esto no es gratis, alguien tiene que pagar…pero nadie le quiere entrar.
En este contexto se ubica la industria automotriz alemana, hasta ahora considerada la joya de la corona de la industria alemana, aportando entre el 7 y 8 por ciento del PIB. Antes de la pandemia, se producían en Alemania entre 5.5 y 5.7 millones de autos. En 2025 fueron 4.1 millones. La principal razón para esto es que el mercado europeo no ha recuperado su nivel prepandemia. Y los aranceles de Trump reducen las utilidades de las armadoras, al igual que la situación competitiva en China, otro mercado en recesión.
La empresa dominante de esta industria en Alemania es el Grupo Volkswagen. En 2025 fabricó 1.8 millones de autos en sus 10 plantas de ensamble. En 2015 habían sido 2.7 millones.
Esta situación se refleja en las cifras totales del Grupo a nivel mundial. En 2015 se vendieron 10 millones de autos, que crecieron a casi 11 millones en 2019. Después de la pandemia no se han superado los 9 millones. El mercado chino tiene un doble efecto, por la reducción de las ventas, adicional a una contracción sustancial de los márgenes.
La conclusión: Volkswagen tiene que hacer algo urgentemente para restablecer su competitividad, aun en el entorno desfavorable que encuentra en Alemania. No va a ser una tarea fácil, porque la estructura del consejo de administración no está libre de influencias políticas, por la participación que tiene el sindicato y el gobierno del estado de Baja Sajonia, donde Volkswagen es el mayor empleador.
La oportunidad de que Volkswagen pueda superar la crisis es real. Pero hay que tomar decisiones.
Regresando al futbol:
Ojalá también pueda volver el equipo de futbol de Volkswagen, el VfL Wolfsburg, a la primera división. Sería una señal de que las cosas están cambiando.
La selección mexicana nos enseñó que el éxito es posible si le echamos ganas. ¡Felicidades!
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